Premio Montevideo de Artes Visuales
Ediciones de una escena en transformación
El PMAV continúa una trayectoria iniciada en 1940 con la creación del Primer Salón Municipal de Artes Plásticas. En sus primeras instancias fue definido como “salón venta”, y el certamen articuló exhibición, premiación y adquisición de obras, dando origen al acervo público que hoy custodia el Museo Juan Manuel Blanes.
En ese mismo año, la lectura crítica de Jorge Romero Brest -crítico y teórico de arte argentino- a través de sus distinciones y criterios de valor, produjo un marco desde el cual pensar la escena. Mientras los textos del ámbito local, como el de Cipriano Vitureira -escritor y crítico cultural uruguayo- en la revista de la AIAPE (Agrupación de Intelectuales, Artistas, Periodistas y Escritores), lo inscribieron en un proceso cultural más amplio, ligado a la emergencia de una sensibilidad moderna y americana. En ese cruce empezó a construirse el relato sobre su propio sentido.
La historia del certamen está trazada por cambios de nombre, formatos, reformulaciones y pausas. Salón Municipal, Salón de Otoño, Salón Bienal, Salón de Artes Visuales y, desde 2017, Premio Montevideo de Artes Visuales fueron sus distintas denominaciones.
Durante décadas, las disciplinas artísticas tradicionales, como pintura, escultura, grabado y dibujo, organizaron la presentación y evaluación de las obras. La expansión de los lenguajes contemporáneos volvió insuficiente ese esquema y dio lugar a la incorporación de video, instalaciones, proyectos e intervenciones y a su posterior borramiento como compartimentos de producción.
En estos procesos también se hacen visibles desigualdades estructurales en la participación de mujeres y disidencias. Si bien en las últimas ediciones se registra un crecimiento sostenido en las instancias de selección, la presencia aún no resulta equitativa en relación con la cantidad de artistas que producen en el medio, aunque se valora el incremento y la ampliación de las formas de representación.
Algunos episodios de la trayectoria del premio marcaron puntos de inflexión. En 1963, la ocupación del Subte por parte de artistas, en un clima de radicalización cultural y de cuestionamiento a los mecanismos institucionales del salón, abrió un período de interrupción del certamen y puso en crisis el modelo de oficialismo artístico vigente. La reapertura de 1966, en ese marco de reformulación, habilitó el ingreso de nuevos lenguajes y evidenció que el salón era también un espacio de disputa en torno a sus formas de legitimación y a los criterios desde los cuales leer el presente artístico.
Décadas más tarde, en 1998, la intervención de Diego Masi sobre el monumento El Entrevero, aprobada por el jurado y luego discutida públicamente, desplazó el certamen hacia el espacio urbano y evidenció las tensiones entre experimentación artística y patrimonio.
En otro plano, vinculado a las condiciones de participación, desde 2023 se incorporó un aporte económico para la producción de cada uno de los proyectos seleccionados, desplazando la lógica exclusiva del premio como única forma de retribución y configurando un cambio en el modelo histórico del certamen, en sintonía con una política orientada a la profesionalización y al fortalecimiento del campo artístico.
En esta sala se presenta una selección de catálogos históricos junto con reproducciones de sus páginas interiores. Leídos en conjunto, estos documentos permiten tener un panorama de las distintas etapas del premio. Cada catálogo registra una edición, pero también una posición de época, institucional y estética y, en muchos casos, es lo que permanece y nos permite trazar su relato.
Eugenia González
Ediciones de una escena en transformación
El PMAV continúa una trayectoria iniciada en 1940 con la creación del Primer Salón Municipal de Artes Plásticas. En sus primeras instancias fue definido como “salón venta”, y el certamen articuló exhibición, premiación y adquisición de obras, dando origen al acervo público que hoy custodia el Museo Juan Manuel Blanes.
En ese mismo año, la lectura crítica de Jorge Romero Brest -crítico y teórico de arte argentino- a través de sus distinciones y criterios de valor, produjo un marco desde el cual pensar la escena. Mientras los textos del ámbito local, como el de Cipriano Vitureira -escritor y crítico cultural uruguayo- en la revista de la AIAPE (Agrupación de Intelectuales, Artistas, Periodistas y Escritores), lo inscribieron en un proceso cultural más amplio, ligado a la emergencia de una sensibilidad moderna y americana. En ese cruce empezó a construirse el relato sobre su propio sentido.
La historia del certamen está trazada por cambios de nombre, formatos, reformulaciones y pausas. Salón Municipal, Salón de Otoño, Salón Bienal, Salón de Artes Visuales y, desde 2017, Premio Montevideo de Artes Visuales fueron sus distintas denominaciones.
Durante décadas, las disciplinas artísticas tradicionales, como pintura, escultura, grabado y dibujo, organizaron la presentación y evaluación de las obras. La expansión de los lenguajes contemporáneos volvió insuficiente ese esquema y dio lugar a la incorporación de video, instalaciones, proyectos e intervenciones y a su posterior borramiento como compartimentos de producción.
En estos procesos también se hacen visibles desigualdades estructurales en la participación de mujeres y disidencias. Si bien en las últimas ediciones se registra un crecimiento sostenido en las instancias de selección, la presencia aún no resulta equitativa en relación con la cantidad de artistas que producen en el medio, aunque se valora el incremento y la ampliación de las formas de representación.
Algunos episodios de la trayectoria del premio marcaron puntos de inflexión. En 1963, la ocupación del Subte por parte de artistas, en un clima de radicalización cultural y de cuestionamiento a los mecanismos institucionales del salón, abrió un período de interrupción del certamen y puso en crisis el modelo de oficialismo artístico vigente. La reapertura de 1966, en ese marco de reformulación, habilitó el ingreso de nuevos lenguajes y evidenció que el salón era también un espacio de disputa en torno a sus formas de legitimación y a los criterios desde los cuales leer el presente artístico.
Décadas más tarde, en 1998, la intervención de Diego Masi sobre el monumento El Entrevero, aprobada por el jurado y luego discutida públicamente, desplazó el certamen hacia el espacio urbano y evidenció las tensiones entre experimentación artística y patrimonio.
En otro plano, vinculado a las condiciones de participación, desde 2023 se incorporó un aporte económico para la producción de cada uno de los proyectos seleccionados, desplazando la lógica exclusiva del premio como única forma de retribución y configurando un cambio en el modelo histórico del certamen, en sintonía con una política orientada a la profesionalización y al fortalecimiento del campo artístico.
En esta sala se presenta una selección de catálogos históricos junto con reproducciones de sus páginas interiores. Leídos en conjunto, estos documentos permiten tener un panorama de las distintas etapas del premio. Cada catálogo registra una edición, pero también una posición de época, institucional y estética y, en muchos casos, es lo que permanece y nos permite trazar su relato.
Eugenia González
2026